La Constitución de 1917: La base del Estado moderno y la justicia social en México; un legado de la Revolución para las nuevas generaciones
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, promulgada un 5 de febrero de 1917 por Venustiano Carranza, es la base del Estado moderno. Establece la soberanía nacional, la división de poderes y los derechos fundamentales; su origen se remonta a una guerra sangrienta: la Revolución de 1910, recordó el historiador Ricardo Arredondo Yucupicio.
El profesor de la Facultad de Historia de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) explicó a las nuevas generaciones que la estructura actual de México y sus instituciones se construyeron en ese momento. Elementos como la seguridad pública, el derecho a la salud, la vivienda y una educación libre, gratuita y laica, son producto de este documento.
“Es un mensaje a las nuevas generaciones: los derechos conseguidos después de periodos tan convulsos en nuestro país no debemos darlos por hecho; siempre debemos estar vigilantes de que se mantengan y se respeten. Además, debemos ser consecuentes con esta Constitución que le costó tanto a México en sangre, tiempo y esfuerzos”.
El doctorante en Historia de la UAS señaló que este día no solo debe ser memorable para los historiadores, sino para cada ciudadano, al cumplirse un año más de la base del Estado mexicano y las leyes que nos rigen.
Recordó que la Revolución Mexicana fue un proceso de desintegración social y de destrucción de un sistema; justamente, la Constitución de 1917 representó la edificación de un nuevo esquema que puso énfasis en lo social, diseñado para la protección del pueblo y la formación de una ciudadanía que antes no existía.
“La Constitución de 1917 no fue algo espontáneo; su antecedente fue la de 1857, producto de una generación de hombres ilustrados de la Reforma, pero repensada por los revolucionarios de 1917: hombres formados en las artes liberales que se entregaron a la construcción del Estado mexicano”.
Sobre la importancia de esta fecha, señaló que sirve para que niños y adolescentes entiendan que sus derechos actuales son fruto de los procesos históricos de la nación; desde el día de descanso y las jornadas laborales de ocho horas, hasta la creación de sindicatos, la educación y la propiedad de la tierra.