Estudio documenta alta incidencia de estrés postraumático; se convierte en desafío de salud pública, como una epidemia silenciosa
La exposición constante a hechos de violencia y conflictos ha detonado una silenciosa crisis de salud pública. De acuerdo con un estudio realizado en Culiacán, una de cada cinco personas presenta un trastorno traumático, lo que representa una prevalencia cercana al 20 por ciento, cifra que supera ampliamente los rangos oficiales de referencia, los cuales suelen oscilar entre el 1.6 y el 3.9 por ciento.
Lo anterior fue expuesto por Carlos Samuel Ríos Díaz, estudiante de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), quien presentó la investigación titulada “Exposición a la violencia y síntomas de estrés postraumático en contextos de conflicto violento” para obtener el grado de Licenciado en Psicología, bajo la dirección académica de la doctora Violeta Rubí Castro López.
“Mi investigación busca visibilizar las afectaciones que la población ha experimentado durante este periodo, con el fin de identificar qué podemos hacer y cuál sería el siguiente paso dentro de una estrategia de salud pública”, señaló el sustentante.
Informó que la exposición a la violencia se ha exacerbado principalmente en las zonas habitacionales. Sin embargo, el impacto psicológico no se distribuye de manera equitativa en la ciudad, ya que existe una mayor vulnerabilidad en el sector oeste, donde se registra una prevalencia más alta de síntomas de estrés postraumático (TEPT) y estrés postraumático complejo (TEPT-C), debido a la lejanía de estas zonas y a la falta de infraestructura y servicios de salud.
En contraste, explicó que los sectores centro y sur de la ciudad, aunque presentan altos niveles de exposición a la violencia, muestran una menor incidencia de síntomas traumáticos, debido a que cuentan con una mayor cohesión social, espacios públicos como parques, servicios sanitarios y cercanía con instituciones educativas.
“Tenemos una prevalencia de una de cada cinco personas con algún trastorno traumático, cuando las cifras oficiales suelen ubicarse entre el 1.6 y el 3.9 por ciento. Esto nos muestra que sí existe un impacto muy importante en la población. Además, hay un porcentaje considerable de personas en riesgo que, aunque todavía no presentan un trastorno de estrés postraumático, podrían desarrollar los síntomas conforme continúen las exposiciones a eventos violentos”, refirió.
Asimismo, advirtió que los síntomas de estrés postraumático alteran los mecanismos adaptativos de las personas, provocando un estado constante de inseguridad e incertidumbre que afecta tanto la funcionalidad laboral como las relaciones sociales. Además, existe una alta comorbilidad con cuadros de depresión, ansiedad y estrés.
Ante este panorama, el profesionista propuso abordar el problema mediante protocolos de reducción de daños alternativos a la militarización, tales como el fortalecimiento de la infraestructura urbana, la conectividad y el acceso a servicios comunitarios y de salud.
De igual manera, planteó la implementación de un modelo de intervención clínica en tres fases para el abordaje psicológico del trauma, orientado a recuperar el sentido de seguridad, restablecer las habilidades afectadas, recobrar la estabilidad emocional, resignificar la experiencia traumática y, finalmente, favorecer la reconexión con la sociedad.
“Lamentablemente estamos viviendo una situación muy difícil y compleja en la ciudad; sin embargo, a través del conocimiento científico podemos mejorar la perspectiva con la que observamos estos fenómenos y acercarnos a la ayuda necesaria. Debemos entender que, aunque atravesamos una crisis de seguridad, la salud, la vida y la paz son aspectos que deben recuperarse, y la única manera de hacerlo es comprendiendo cómo funcionan estos fenómenos”, subrayó Ríos Díaz.
Sursum Versus
UNIVERSIDAD AUTONOMA DE SINALOA